¿Es usted vikingo?

¿Siente la llamada del mar cuando está en la costa? ¿Escucha dentro de sí el rumor del oleaje mientras mira al monitor? ¿Suspira por la aventura y el pillaje? ¿Mira la película de Thor con una inesperada reverencia? ¿Sospecha que su cabeza necesita un casco con cuernos para protegerla? Sépalo de una vez, los únicos vikingos que llevan puesto cascos así aparecen en los videojuegos y en las caricaturas como Olafo. No obstante, hay una curiosa manera de saber si usted pertenece a esta estirpe.

 Los Vikingos aparecieron como un relámpago en la historia. Hoy su figura ha sido moldeada según las películas de superhéroes y los libros de aventuras, pero en la edad media arrojaban una sombra de temor en el continente europeo. Saqueadores, recorrieron el continente a través de los mares y los ríos, asaltando monasterios y aldeas. Como los hunos con sus caballos, los jinetes del mar hicieron de la rapidez su principal arma. Pronto rondaron leyendas sobre sus apariciones. La primera en Irlanda, en Lindisfarne, a finales del siglo VIII. Los escribas del monasterio dejaron su aterrador testimonio, el primero de muchos.

Detrás del guerrero y del explorador hay una poesía que hoy conocemos a través de las sagas y su literatura. Como con las demás culturas, la mitología resulta clave para nuestra comprensión. El vikingo imaginaba el universo en forma de un inmenso fresno donde habitan varios mundos: la tierra de los dioses, la tierra de los gigantes, la tierra del hielo, la de los elfos, el mismo infierno y la tierra media donde moran los humanos. Odín, la deidad de un solo ojo, vigila el orden de los distintos planos; tres doncellas en frente del árbol, las nornas, tejen el destino; Thor y su martillo van en busca de aventuras.

 Historiadores como Rudolf Pörtner han elaborado la cartografía del paso de los vikingos por las diferentes latitudes. Como asaltantes llegaron a las costas de Italia, pasaron por España, bajaron por los ríos de Rusia, asecharon el norte de Francia, llegaron a Constantinopla, atacaron decenas de veces a las islas británicas y arribaron incluso a América, mucho antes de que llegase Colón. Con el paso de los siglos los saqueadores se convirtieron en mercenarios; los mercenarios finalmente se asentaron y su cultura empezó a diluirse en la cultura medieval europea. Además de las sagas, existen varias fuentes de su historia, una muy particular, la genética.

 La enfermedad de Dupuytren consiste en una fibrosis en la palma de la mano, que se hace más fuerte con el paso del tiempo y termina por flexionar el dedo meñique y el anular. En las sagas, un hombre hiere a una bruja liberando sus dedos de la contracción. Los médicos nos informan que esta enfermedad la sufren los descendientes de los vikingos y los normandos, regados por el mundo.

El tratamiento sugerido hoy es la cirugía.

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