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¿Los animales se drogan?
La historia de los seres humanos y las sustancias psicotrópicas se remonta a los orígenes mismos de las civilizaciones, más allá de lo que añore la ingenuidad. Menos estudiada aún, pero igual de inquietante, es la historia de los demás animales y las drogas. Pensamos que hemos sido los únicos que hemos explorado los bosques y las selvas buscando las propiedades escondidas en las plantas, pero más de una criatura se ha llevado una sorpresa mordiendo una flor.
Cuenta la leyenda que después de ver la euforia de sus cabras al probar el fruto de una planta, un pastor de Etiopía descubrió el café. Según los reportes de Australia, donde se cultiva la amapola para extraer morfina, se han registrado casos de Walabíes que entran a los cultivos y después de probar la flor presentan comportamientos erráticos: algunos dicen que saltan de una manera inusual formando círculos. Los estudiosos de los elefantes han visto con sospecha las acusaciones de una presunta borrachera a partir de una planta llamada “Marula”, que tiene un porcentaje mínimo de etanol. Cuando se tiene en cuenta la envergadura del Elefante el escepticismo es razonable, una proporción que cuenta Paul Martin en su estudio “Sexo, drogas y chocolate” explica la situación: “Una de las drogas opiáceas más potentes es la etorfina, un opioide sintético inventado en los años sesenta. La etorfina es miles de veces más fuerte que la morfina. Se utiliza, entre otras cosas, para inmovilizar elefantes, y la dosis utilizada es de aproximadamente un miligramo de droga por tonelada de elefante.” Queda claro que para que emborracharse con flores de “Marula” el elefante necesita más de un árbol.
Durante años se consideró que la historia de los delfines pasándose el pez globo entre ellos era tan solo una ensoñación de los buzos, sin embargo, después de los registros en video no hay lugar a dudas: ya se sabe qué pasa entre ese pobre pez globo y esos delfines que aprovechan la sustancia que suelta con fines meramente recreativos. Los dueños de gatos, por su parte, saben con exactitud que hace la llamada “catnip” o “hierba gatera”, la nepeta cataria, en los felinos: un tercio no presenta síntomas, pero lo demás experimentan una euforia y felicidad extraordinarias, juegan, se retuercen e incluso persiguen criaturas imaginarias.
Son varias las situaciones donde los animales han probado las drogas de la mano de los humanos, ya fuera por causas recreativas o con propósitos científicos. Los elefantes y el LSD, los monos fumadores o los perros que han consumido marihuana, con distinta suerte es importante decirlo. En el ámbito científico cito un caso ejemplar. Con el ánimo de anticiparse a las reacciones que tendrán las futuras drogas sintéticas en el mercado, un grupo de científicos de la Universidad de la salud de Utah estudia los patrones que explorarán los laboratorios ilegales con el fin de crearlas primero y estudiar qué efectos tendrán, los ayudantes en esta tarea son los peces cebra. No quiero terminar esta nota sin citar los estudios que se han hecho desde mediados del siglo pasado por el farmacólogo sueco Peter Witt, que estudió las particularidades en las telarañas cuando su tejedora había consumido diferentes drogas; digamos, solamente, que con algo de cafeína el telar alcanza la vanguardia.
Hasta el momento he citado diferentes estudios, pero qué tendría que decir un adicto sobre este tema. El escritor francés Jean Cocteau escribió un diario sobre su recuperación, titulado “Opio”, donde dejó una serie de reflexiones de una talla literaria conmovedora. Transcribo un pasaje al respecto:
“Todos los animales quedan fascinados por el opio. Los fumadores coloniales conocen el peligro de este cebo para las fieras y los reptiles. Las moscas se agrupan alrededor de la bandeja y sueñan, las salamandras desfallecen en el techo encima de la lámpara con sus pequeños mitones y esperan la hora, los ratones se aproximan y mordisquean el dross. No hablo de los perros, de los monos, intoxicados como sus amos.
En Marsella, entre los anamitas, donde se fuma con un material propio para despistar a la policía (…) las cucarachas y las arañas forman círculo, en éxtasis.”