Portugal y Coca-Cola

Tal vez la arquitectura barroca de la mayoría de sus iglesias no concuerde con la discreción del pueblo portugués. Su historia y su personalidad resultan singulares. El siglo pasado tuvo dos momentos hegemónicos: por un lado, la dictadura más longeva de Europa con Salazar; por otro, su final con la revolución de los claveles, que abrió el camino a la democracia. Aislada durante casi medio siglo, Portugal se mantuvo perdida en el pasado. Los gerentes de Coca-Cola enviaron una carta a Salazar con el fin de conseguir el permiso para vender sus productos, por allá en los años sesenta. La respuesta fue clara: no. Toda modernidad, arguyó el dictador, resulta extraña y perjudicial. El alma portuguesa cabe describirse a grandes rasgos por las tres “F”: el fútbol, La virgen de Fátima y el fado. Después de la revolución de 1974 llegó la temida modernidad. En cierta medida los temores del dictador eran vanos. Las tres “F” reinan tranquilas, es cierto que se toma Coca-Cola, pero ninguna bebida le hace sombra al vino verde.

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