El misterio del monte Athos

La encrucijada no es fácil: dentro de las religiones existe un grupo que considera que puede profesar su fe en medio de los afanes cotidianos y sus desafíos; existen otros, por el contrario, que consideran imposible fortalecer su relación con lo sagrado en un entorno profano. Para los primeros el asunto es la vigilancia continua frente a las seducciones del mundo; para los segundos la determinación consiste en cortarlas de tajo dándoles la espalda. Al interior de la religión ortodoxa existe un lugar que representa esta última a cabalidad, el monte Athos en Grecia, ubicada en una de las penínsulas nororientales.

 

El complejo de monasterios está consagrado a la Virgen María. Cuenta la leyenda que después de zozobrar en una embarcación la Virgen llegó a unas de las costas, produciendo un temblor que derrumbó las estatuas paganas. Animada por la belleza a su alrededor, rogó a su hijo que le fuera consagrado y su deseo fue cumplido. Con esta historia, y desde hace siglos, los monjes justifican la prohibición de las mujeres a los templos. En su libro “En tierra de Dionisio”, María Belmonte, traductora y viajera, narra las trasgresiones más divertidas, al tiempo que indaga en su melancolía de no poder entrar. El Monte Athos está bajo la protección de Grecia, pero es un territorio autónomo, una teocracia, por fuera del sistema Shengen.

 

El retiro es casi absoluto. Los monjes se entregan a una devoción continua desde las tres de la mañana. Comprendieron que cualquier oficio debía honrar sus convicciones; son jardineros, por ejemplo, entre los murmullos de las oraciones.  Tan profunda en su devoción, tan constante, tan inhumana en cierta manera, que la pregunta por el misticismo es natural. La “plegaria del corazón” sincroniza los movimientos naturales del cuerpo, produciendo un silencio tan profundo que se entra en contacto con Dios (hesicasmo). Andan por el monte entero, son monjes giróvagos: a lo largo de los años y entre las tantas caminatas lo llegan a conocer con devoción y exactitud.

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