Churchill recupera el regalo de su padre

Desde muy temprano la memoria del joven Winston Spencer Churchill mostró una capacidad inesperada para guardar los grandes discursos de los personajes de Shakespeare, algunos pasajes de la historia de Gibbon y un libro de entero de poesía de Macaulay. Guardó también una carta, la carta más desoladora que le escribió su padre, donde éste no ahorró ni el reproche ni la decepción. Haberla leído tanto para memorizarla, haberla recordado otra vez ya nos dice todo de cuán profunda fue la herida.

 

He aquí un fragmento: “Si no eres capaz de frenarte y dejar de llevar la ociosa, inútil e improductiva vida que has llevado en tus días de colegial y en los últimos meses, estoy seguro de que acabarás convirtiéndote en un simple gandul, en uno de los cientos de hombres malogrados que producen las escuelas privadas, persuadido de que degenerarás hasta ver tu existencia reducida a un tránsito mezquino, desdichado y fútil. De ser así, solo a ti mismo podrás achacar la responsabilidad de tales infortunios.”

 

La relación con sus padres estuvo marcada por una indiferencia parecido al maltrato.  Lord Randolph Churchill estaba preocupado por la aristocracia y la oratoria y Jennie Jerome por sus relaciones con la alta sociedad. De niño Churchill clamó por afecto sin lograr conmover a sus padres. De joven sus logros, simplemente, fueron insuficientes: el estilo de su escritura era lamentable; su ceceo, vergonzoso y su disciplina, atroz. Cuando se volvió miembro de la caballería, premio de consolación ante los malos resultados de las pruebas, perdió en un arroyo el reloj que le había entregado su padre. Y comenzó el rescate. Una compañía de veintitrés hombres lo ayudó. Se dragó el arroyo con un coche de bomberos, más adelante se desvió la corriente aguas arriba y, finalmente, se recuperó el reloj. Lord Randolph se enteró, pero prefirió reprochar el descuido de su hijo que aplaudir su ingenio. Ante sus ojos lo extraordinario era haber perdido un reloj en la corriente, no recuperarlo.

 

Lord Randolph no vivió lo suficiente para ver a su hijo convertido en uno de los corresponsales de guerra más exitosos del imperio británico, solo por hablar de sus hazañas juveniles. Churchill lo recordó en el primer discurso que pronunció en el parlamento y escribió su biografía diez años después de su muerte. Quiso seguir sus pasos, sabiendo que había sido para él una decepción.

 

Deja una respuesta