¿Cuál es el mayor misterio de Alicia?

Cuando examinamos la génesis de la obra nada nos dice que alcanzará la posteridad. Quizá uno de los más grandes misterios sea la vida de su autor: por un lado, es Charles Lutwidge Dodgson (1832 -1898), matemático de profesión, profesor de Christ Church en Oxford, autor de obras sobre geometría y trigonometría; por otro, ese profesor oculta una personalidad distinta, es Lewis Carroll, autor de narraciones fantásticas y absurdas, entusiasta de la fotografía, inventor de absurdos, diseñador de sistemas nemotécnicos y de escrituras secretas. Quizá sea la obra en sí misma, la historia de una obra infantil que no pretendía dar lecciones de moral a los niños, sino burlarse de la pedagogía victoriana, bien fuera en sus símbolos o en sus rimas. De pronto el misterio esté en sus personajes, pero en cuál de todos, ¿la locura del sombrerero? ¿el afán del conejo blanco? ¿el juicio del dodo? ¿la memoria de la reina que anticipa el futuro?  Acaso sea en los capítulos o los versos desquiciados. Acaso sean las miles de referencias que los estudiosos han encontrado, que van desde la teoría de los conjuntos hasta la poesía romántica. ¿Cuál es su mayor misterio?

Arriesgo una respuesta. Que una obra de corte tan local en más de un sentido, por las rimas y las referencias, por los juegos de lenguaje y por el contexto sociocultural, haya fascinado a tantos lectores de diferente formación a lo largo del mundo. Que se hayan traducido a decenas de lenguas poemas y pasajes que ni siquiera se terminan de comprender por completo en inglés (el Jabberwocky, por ejemplo). Que incluso en culturas tan distantes como Japón, donde las referencias son tan distintas, la obra haya fascinado a los lectores, que juzguen al capítulo “Una fiesta loca de té” como una delicada comprensión de la ceremonia del té y su relación con el paso del tiempo. Que no haya libro de astrofísica que deje a Alicia de lado, porque siempre se cae por el agujero del conejo, porque siempre se pase a través del espejo. El mayor misterio es justamente que esta obra sea una fuente de admiración continua sobre la marcha de la fantasía y la locura de la razón.