La risa de la rata

 

Durante siglos se pensó que la diferencia entre el ser humano y los animales era nuestra presunta y esporádica racionalidad, hubo alguno que defendieron la simple idea de que fuéramos bípedos implumes. ¿Qué somos? ¿Qué nos distingue de los demás? ¿Acaso es nuestro entendimiento, tal vez es nuestra memoria o nuestra vida social? Los pulpos son tan brillantes para salir de laberintos y abrir frascos, la memoria del elefante nos avergüenza y la vida social de las termitas y las abejas ha sido durante milenios el referente por excelencia. ¿Y la risa? Leamos un párrafo de “Sexo, drogas y chocolate” de Paul Martin.

“El neurólogo Jaak Panksepp ha descubierto que incluso las ratas son capaces de sentir alegría; su forma de expresarla es una “risa” aguda. Cuando una rata tiene una experiencia alegre, como jugar con otra rata, emite una serie de chillidos ultrasónicos (50 kilohercios). Panksepp sostiene que estas vocalizaciones están biológicamente relacionadas con los gritos de alegría que dan los niños cuando juegan. La idea de que una rata pueda echarse unas risas con sus compañeras nos recuerda que quizá la vida sea para las otras especies animales algo más que la dura lucha diaria por sobrevivir”.