La manifestación de los juguetes

Después del contundente éxito de la protesta en la ciudad siberiana de Barnaúl se estableció un decreto: “toda reunión no autorizada de objetos inanimados en la vía pública sería considerada contraria a la ley.” Corría el año 2012. Vladímir Putin había ganado las elecciones en medio de varias denuncias de la oposición. Manifestarse a la manera tradicional parecía imposible. Sin embargo, cuando aparece la censura no tarda en que aparezca la creatividad. Esa mañana, una mañana de febrero, aparecieron a ras de suelo los manifestantes de juguete con las pancartas en alto que denunciaban la censura a la prensa, el fraude electoral y el imperio de la corrupción. Eran piezas de lego, soldados miniatura, unicornios y ponis, patitos de bañera, caballitos de hule, muñecos de kínder sorpresa y muñecas de plástico, conejos, osos y pollitos de peluche, había juguetes locales e internacionales,  todos en una actitud claramente desafiante frente al invierno siberiano y frente al régimen. Las personas, por supuesto, se acercaron a leer las diminutas pancartas; la policía quedó maniatada; las fotografías de los activistas inanimados se volvieron virales. La manifestación triunfó, al menos ese día.

Para más información sobre la creatividad en las manifestaciones alrededor del mundo remito al lector a “Cómo hacer una revolución” de Srdja Popovic.