Vermeer, los nazis y la falsificación

En medio de las batallas, las persecuciones y los bombardeos, los nazis aprovecharon para realizar uno de los mayores pillajes de arte en la historia. Dentro de los grandes pintores hubo una obsesión: Johannes Vermeer (1632-1675). Según algunas fuentes era el predilecto de Adolf Hitler.

 

Encontrar estas obras era una tarea difícil. A diferencia de la mayoría de los maestros de su época, Vermeer no dejó una obra tan extensa, solo se conservan 36 cuadros. Durante la guerra los coleccionistas fueron cautos con sus tesoros. Los museos protegieron sus piezas. Sin embargo, el exilio y las ocupaciones enriquecieron el mercado negro. Un marchante nazi consiguió una obra de Vermeer que no tardó en quedar en manos Göring: La cena de Emaus.

 

Pero el artista detrás de esta obra no fue Vermeer, sino un falsificador del siglo XX que había logrado burlarse de los mayores especialistas. Terminada la guerra, se realizó una investigación en busca de los cómplices que contribuyeron a que algunos de los tesoros de la nación hubieran quedado en manos de los nazis. El nombre de Hans von Meegeren apareció como un proveedor. Ante la acusación de traición a la patria, el artista se vio forzado a explicar la sofisticación de su oficio de la única manera imaginable, delante de los investigadores, los abogados y la policía, pintar una pieza a lo Vermeer. Al final la pena por realizar falsificaciones fue preferible a la condena por traición.

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