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El cocinero ruso y la libertad
Cuando se leen los ensayos de Isaiah Berlin se sospecha de que estamos al lado de un escritor que ha leído casi todo. El estilo de su prosa no se ve afectado por la petulancia que sufren otros eruditos. Cuando Berlin dice que la obra que más lo conmueve es la autobiografía de Alexander Herzen, vale la pena atender. A diferencia de los otros grandes escritores rusos del siglo XIX, Herzen no ha despertado la curiosidad de las editoriales hispanas. Recientemente fueron traducidas sus memorias de manera parcial. Su obra es un fresco gigantesco que toca los temas angulares de la política y el imaginario del siglo XIX. Habla, entre tantos temas, de la libertad.
En Rusia el tema de la servidumbre es el tema crucial de su historia. Existían siervos atados a la tierra que se dedicaban al campo y existían otros que servían en temas domésticos. Orlando Figues nos cuenta que a comienzos del XIX la prestigiosa familia Sheremetev tenía dos millones de siervos en total y doscientos mil para su uso personal. En el primer tomo Alexander Herzen nos relata esta historia. Un siervo que trabajaba en la cocina de un político vive en circunstancias que cualquier otro siervo podría envidiar. Aunque gozaba de numerosos privilegios, añora ser libre e intenta comprar su libertad con el dinero que ha conseguido con mucha dificultad. Su amo rehúsa la oferta, pero le promete liberarlo tan pronto él muera. Desde ese instante su vida se echó a perder. Se entregó al vodka, a la depresión, perdió cualquier interés por su trabajo y convirtió la amargura en su forma de vida. Cuando su amo falleció, ya no importaba abrazar la libertad: su corazón, simplemente, se había marchitado. Ninguna jaula, por grande o brillante que sea, sirve al espíritu humano.