Francis Bacon y su meditación sobre el error

Nada nos cuesta imaginar un libro de teorías fallidas o de premisas equivocadas, desde los partidarios de la tierra plana hasta quienes defendieron que era redonda, pero, en su interior, hueca. Bertrand Russell nos dejó un adorable ensayo al respecto. Meditar sobre el error es fundamental en el camino tanto de la ciencia como de la filosofía. Francis Bacon (1561-1626) no sólo fue una de las piezas claves en el desarrollo del método científico, también dejó una serie de consideraciones filosóficas sobre este tema que vale recordar.

 

Ante un universo tan desmesurado era preciso, primero, una taxonomía: están los falsos ídolos de la tribu, esos que tenemos por el simple hecho de ser humanos. Hoy la psicología los estudia como los sesgos que atacan perpetuamente a nuestros juicios. Uno de los favoritos del siglo de Bacon es la distorsión que producen los sentimientos en nuestros juicios. Están los ídolos de la caverna, que solo le pertenecen al individuo por ser quien es, que la culpa no es completa de la especie, todo hay que decirlo. Están los ídolos del foro, que son los errores producto del mal uso del lenguaje, de su falta de claridad. Estos no son tan fáciles de advertir, si bien el mercado de la política y la superstición aportan los ejemplos más grotescos. Los últimos son los ídolos del teatro, los errores que usan una reconocida autoridad para deslizarse como verdades.  Las citas descontextualizadas de Gandhi, Einstein, Voltaire y tantos más, (por no hablar de las citas espurias de Alicia o de Borges, que tanto circulan en la red). Hallar una verdad es ganar un asalto, pero el combate contra los falsos ídolos jamás terminará.

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