Las brujas de Salem 

The Examination of a Witch -T. H. Matteson

Detrás de las historias de los poderes sobrenaturales y de las criaturas de la noche existen una serie de explicaciones que resultan casi inverosímiles, pero que no atentan contra la realidad. La historia de las Brujas de Salem es una de las muestras más famosas. Hacia mediados de 1692 tres jóvenes de Massachussets acusaron a una esclava de ser la responsable de que estuvieran poseídas. La instrucción del Éxodo es clara: «No dejarás con vida a la hechicera». Los jueces no tuvieron el menor reparo en indagar en esta cuestión bajo la absoluta certeza de que las artes oscuras eran verdad. La esclava provenía de las Antillas y sabía vudú. Cuando la torturaron confesó y su confesión arrastró a dos personas más. Y la histeria colectiva empezó su parte. Pronto decenas de personas fueron sindicadas y colgadas por brujería. El tribunal ordenó la ejecución de más de treinta personas. Ciento cincuenta aguardaban la misma suerte hasta que la marea de la locura cedió cuando acusaron a la esposa del gobernador Phips. Finalmente, el frenesí se disipó y los sentenciados fueron liberados. 

En el siglo XVI Montaigne observó que era una absoluta tontería relacionar la verdad con la tortura. Ante la intensidad del dolor cualquiera diría cualquier cosa: posesiones, vuelos mágicos, encantamientos o pactos con el diablo. Además, no se precisan las artes del verdugo para que la fuerza de la imaginación haga de las suyas con nosotros, su fuerza es tal que alcanza incluso manifestaciones físicas. Un lector de Montaigne recordó estas observaciones e impidió la ejecución de una supuesta hechicera. Fue la excepción por supuesto. Se estima que entre 1500 y 1800 murieron por estos cargos dos millones de personas.

 

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