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La esposa de Oscar Wilde
Después de los primeros meses de amargura y tristeza, Wilde comenzó a rehacer su vida entre los prisioneros de la cárcel Reading, pero no través de la composición de una serie de obras sino de un nuevo significado en su vida: en lugar de la belleza que exaltó Keats, el amor y la humildad que había abrazado Cristo. Después de sufrir el desprecio y el encierro, el disgusto por la imitación y el esnobismo era inofensivo. El remedio de los versos no fue suficiente frente a la crueldad. Los golpes que lo hirieron fueron consecutivos: su reputación había quedado arruinada, el hombre que amaba lo había abandonado, su madre falleció sin su consuelo, su familia, ahora, buscaba el exilio.
La genialidad parece un don sobrenatural que se dibuja como un rayo en la noche. Cuando leemos las biografías, sin embargo, reconocemos que su talento atravesó una etapa de formación. En Wilde fue el aprendizaje en Oxford, las obras de Walter Pater y de John Ruskin, la literatura de los poetas románticos y simbolistas, y las miles de conversaciones entre artistas y entusiastas del arte. La sociedad victoriana fue el blanco de Wilde para afilar su ingenio. Lo demás son el ejército de frases que rondan por sus obras y sus biografías. Los primeros versos de sus poemas no resultaron tan conmovedores como entretenidas resultaron sus comedias. Cuando inició el estruendo de los aplausos, Wilde era ya un padre de familia.
El 29 de mayo de 1884 Wilde contrajo matrimonio con Constance Lloyd con quien tuvo dos hijos, Cyryl y Vyvyan. Su esposa se convirtió en la anfitriona de las reuniones y en una pieza indispensable en la alta sociedad. Wilde era un padre adorado por sus hijos, que tuvieron la oportunidad de escuchar las primeras versiones de los cuentos que tantos queremos: El gigante egoísta, El ruiseñor y la rosa y uno que tradujo Borges de niño, El príncipe feliz. Más adelante la tragedia entró a escena en distintos actos: el odio feroz del marqués de Queensberry, la indiferencia del hijo de este y amante de Wilde, Lord Alfred Douglas, el encierro en la cárcel y el repudio de su obra.
Constance, ayudada por su familia, comenzó su exilio en Suecia y Alemania. Sus hijos aprendieron la triste tarea de reescribir su nombre y dejar de lado el apellido de su padre, cubierto en oprobio en Inglaterra. Constance falleció en 1898; Oscar, en 1900; Cyryl Holland, así era el nuevo apellido, fue una de las bajas durante la primera guerra mundial; Vyvyan se dedicó a las letras y compuso una autobiografía, murió en 1967.
De las casi setecientas páginas de cartas, solo conservamos una nota que Wilde envió a la que fuera su novia. Por el escándalo, Constance quemó las demás.