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Tesoros de Las mil y una noches
¿Quién lo duda? Somos viajeros dentro de los libros y seguimos un itinerario e iniciamos el camino en las primeras palabras, en las imágenes y las tramas, en los personajes y los diálogos. Las mil y una noches parece un territorio conocido. Nos resultan familiares las historias de Ali Babá y de Simbad, la presencia del califa aburrido que aguarda un entretenimiento, la voz de Sherezada que a lo largo de las noches administra las historias. Pero cuando abrimos alguna de sus tantas ediciones, cuando examinamos la historia detrás de la obra, advertimos que delante nuestro se descubre un territorio del cual solo se conoce la apariencia.
Se piensa en las alfombras voladoras, a pesar de que solo aparecen en un relato de manera muy marginal; se recuerda a los genios, pero se ignora su relación con Salomón; se sabe de Aladino, pero se pasa por alto su curiosa procedencia. Las mil y una noches luce como un libro viejo que ensaya algunos relatos mágicos con alguna suerte, pero cuando se estudia las sorpresas no demoran en aparecer. Por un lado están las tantísimas versiones en los diferentes idiomas y la encantadora variedad de traductores, desde los responsables y fidedignos, hasta los moralistas y los poetas. Borges escribió un ensayo memorable sobre este tema en Historia de la eternidad, que por la misma naturaleza de la empresa está incompleto: Las mil y una noches contrajo el hábito de crecer a través de las distintas versiones y los diferentes manuscritos.
Y en ese extraño territorio, como viajeros, contamos la historia de nuestro recorrido, de los tesoros que encontramos, de las sorpresas y de los sinsabores. El entusiasta del Islam hallará en La esclava Tawaddud (Noche 437 en la versión de Vernet) un estudio de la belleza y la importancia de El Corán. Para quien busca fantasía, en El caballo de ébano (Noche 358 en la versión de Vernet) se juega a la ciencia ficción.
Encuentra súplicas:
Sé orgulloso, lo sufro; pon demora, tengo paciencia; sé altivo, me humillo; aléjate, te sigo; habla, te escucho; manda, obedezco. (Noche 161. Versión Vernet).
Poesía:
Tiene dos ojos a los cuales dijo Dios: “Sed y mirad”, y fueron haciendo en los corazones el mismo efecto que el vino. (Noche 153 en Vernet)
Proverbios:
Tres cosas hay sobre las que el hombre discreto no debe hablar por anticipado: el viajero, de su viaje hasta que no le dio feliz remate; el guerrero, de su triunfo hasta no haber vencido a su enemigo, y la mujer preñada de su caso, hasta no haber salido con bien del parto. (en la versión de Cansinos Assens, Apéndice)
Nostalgia:
Y al oír esto recordé las palabas de mi venerado maestro, que así había predicho lo que debía acontecerme. Y a este recuerdo no pude por menos que sonreír. Y el califa me dijo:
Y contesté:
-Nada malo, ¡oh Emir de los creyentes! Es un simple recuerdo de mi infancia que cruza por mi espíritu, y le saludo al paso. (en la versión de Mardrus/Blasco Ibañez, prólogo de la edición de Cátedra)
2 respuestas
Este resumen tan cuidado me invita a conocer más sobre Las Mil y una Noches. Gracias por despertar mi interés.
Muchas gracias Leticia, espero nos puedas acompañar en la conferencia 🙂